13 de julio de 2008

¿COMO QUEDAMOS? O ¿COMO JUGAMOS?


Seguimos publicando articulos y en este caso una entrevista relacionada con la problematica del futbol base, quien habla es una autoridad en la materia, debemos aprender y analizar lo que nos comenta, para intentar corregir actitudes y mejorar las relaciones club-entrenador-escuela-padres-niños ya que todo va unido y es necesaria la colaboración entre todos para mejorar en lo posible todos los problemas que existen en el futbol para los mas pequeños.

MANUEL ABELARDO ECHEVARRÍA PROFESOR DE LA ESCUELA DEL DEPORTE Y PREMIO «DELFOS» Y EX-DIRECTOR DE LA ESCUELA DE MAREO

Los premios «Delfos» los concede la Asociación de Amigos del Deporte de La Felguera a personas vinculadas al deporte y que personifican, además, valores como el sentido ético, el respeto al rival y al público. No es de extrañar, pues, que este año uno de los galardones haya recaído en Manuel Abelardo Echevarría, profesor de la Escuela del Deporte, vinculado a la formación deportiva desde hace casi treinta años, y que sigue su labor con tanto entusiasmo como el primer día. Los otros premios se concedieron a Abendaño y a Pepu Hernández.

¿Qué supone un reconocimiento así, después de tantos años dedicado a la profesión?
Supone algo muy importante: que el fútbol no es sólo dar patadas a un balón. Si hurgásemos en la riqueza educativa del fútbol nos llevaríamos una sorpresa. Es muy popular, pero muy pocos lo conocen realmente. El fútbol es como la vida, fomenta valores como el respeto al rival, al compañero. Son reglas inamovibles, principios que inculcar a los niños. La pregunta que hay que hacerles no es «¿cómo quedaste?», sino «¿cómo jugaste?» Es un juego riquísimo, detrás hay un proceso mental: ver, decidir, ejecutar en décimas de segundo.

¿Puede ser, entonces, el fútbol un remedio contra la violencia en las aulas?
Sí, deberíamos de inculcarlo. Pero no la idea de ser competitivos con niños de 10 años; hay que educar, porque educar es progresar, y el futuro está en la educación. El fútbol es un medio de privilegio educativo.

Sin embargo tenemos cada fin de semana a padres jaleando e insultando desde la grada de los partidos de fútbol base, inculcando competitividad.
Los principios nacen en casa, no en el colegio. La familia es donde se sientan las bases de un comportamiento honesto, de valores de respeto hacia el otro. Si falla la educación familiar, estamos trabajando en barbecho. Si los padres jalean desde la grada, insultando y exigiendo, siguen el camino equivocado, que luego se traslada al terreno de juego. Los padres son los que marcan el rumbo, y son un poco el cáncer del fútbol: lo contemplan como un fin en sí mismo y no como un medio para llegar. Tienen mucha culpa.

Y luego están los ejemplos de futbolistas de élite, poco caballerosos en el terreno.
Hay ejemplos que no son edificantes. Pero también hay futbolistas como Puyol, un hombre muy limpio, o el técnico Rijkaard, que nunca se altera. En lo simple está la virtud. Hay que tener en cuenta que desde muy jóvenes disfrutan de dinero, fama, popularidad. Y hay que estar muy preparado para digerir eso. Por eso hay que incidir en los niños para que vean que la fama no es lo importante. El poeta Altolaguirre decía que lo infinito va por dentro, lo limitado por fuera.

¿Cómo se traduce su filosofía en la Escuela del Deporte?
Tenga la absoluta certeza de que el espíritu de la Escuela del Deporte es formar técnicos excelentes. No solamente van a saber transmitir las cuestiones puramente futbolísticas, sino que van a ser conscientes de que los protagonistas son los niños, pero el número en uno en la corrección y en el ejemplo tienen que ser ellos. El fútbol es una escuela de vida. No se trata de ganar «a costa de», sino de ganar pero también de participar y de divertirse.

¿Qué frutos ve en su trayectoria como educador?
Llevo en formación 27 años. Y el mejor testimonio es que muchos que ya son padres de familia vienen a decirme que se acuerdan de lo que les enseñé, y que lo aplican con sus hijos. Ése es el mejor pago. Pero hay que ser muy firme, porque predomina mucho más lo negativo. Son momentos de no ser tibios, hay que marcar un camino e imprimir unos valores para que el niño sepa que en la vida no es sólo ganar, sino también saber perder y vivir en comunidad.

Los clubes se quejan de que no hay cantera.
La cantera es un mito. La cantera es un niño de seis o siete años que empieza, y es preguntarse qué es de él con 16 o 17, y veremos que muchos lo dejan, que han tenido una mala experiencia porque no han disfrutado. De la cantera deberían de salir jugadores, pero no salen porque no se trabaja bien. Mientras que se pregunte a un alevín «¿cómo quedasteis?», ahí acabó todo.




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